sábado, 31 de marzo de 2018

Luis Octavio Cruz, la voz del gol alegre y apasionado





Luis Octavio Cruz fue uno de los mejores periodistas de La Guajira en un área a la que algunos consideran como de segunda, pero que mueve los sentimientos de las masas más que cualquier otra actividad humana: la locución deportiva. Y lo hizo en una época en la que se mezclaron dos circunstancias muy especiales: Número uno, el fútbol de éste departamento se movía con gran fuerza todos los años, todas las semanas y todos los días con selecciones juveniles e infantiles participando en los respectivos torneos y dos buenos equipos tomando parte, con muy buenos resultados, en el campeonato nacional de segunda división, el equivalente de la Primera B hoy en día. Y, número dos, era la época de los grandes narradores y comentaristas deportivos como Eladio Narváez, Jairo Romero, Marcos Barros, Harvy Effer, Jimmy y Albeiro Sánchez, entre otros.   

Futbolista y pintor
Luis Octavio Cruz nació en Sincé, departamento de Sucre, el 9 de agosto de 1957, en la familia formada por don Octavio Cruz y su esposa Dolores.   En 1.967 la familia se traslada a Maicao por motivos laborales y se establecen en el Barrio San José, en donde contaban con una de las tiendas mejor surtidas del joven municipio.  En ese lugar entablaron estrecha amistad con tradicionales familias como la del profesor Luis García, los Polo, los Hernández y los Madera.

El joven Luis Octavio cursó sin problemas la primaria en el colegio Paulo Vi, del profesor García y de allí pasó al colegio San José a cursar sus estudios secundarios.

Fútbol y pintura, sus dos amores
En la adolescencia dedicaba  el tiempo libre a sus dos pasiones: la pintura y el fútbol.   Esos ardorosos amores se combinaban perfectamente, porque cuando no estaba jugando su deporte preferido  (“pateando bola”, decía doña Dolores) se encerraba en su habitación a pintar las caricaturas de los jugadores más famosos del momento.   En los campeonatos municipales se destacaba en la posición de zaguero central, en la que se desempeñaba con habilidad y elegancia.

Su posición la abandonó una sola vez, cuando miró hacia la parte externe del campo y vio que unos jóvenes de gran estatura golpeaban a su hermano menor. Por un  instante se olvidó de su rol de futbolista decente y salió de la cancha, sin permiso de nadie a defender su sangre. Después de la pelea, quiso regresar al juego, pero el árbitro lo esperaba con la tarjeta roja.

Periodismo Deportivo
Tomás Pérez Ramírez, uno de sus buenos compañeros del San José, lo animó a estudiar Locución y periodismo deportivo en la academia ARCO de Bogotá. En esa institución fue alumno de los mejores periodistas del país, entre ellos Gabriel Muñoz López de quien aprendería el arte de la narración del fútbol.

A su regreso de Bogotá en 1.984, el propio Tomás lo recomendó con su amigo Roberto Enrique Pineda, director del Noticiero  de la Frontera en la emisora Radio 560 La Voz de la Pampa. De ésta forma inició su labor como hombre de radio coordinando la sección deportiva a la que el propio Pineda bautizó como “La Ventana del Deporte”. Un poco después, ante la solicitud de los oyentes, abre un espacio independiente a la 1 de la tarde,  después de las noticias del mediodía,  al cual asigna el mismo nombre de su respetada sección: “La ventana del deporte”.

Sintonía inmensa
El programa se convierte en un referente de la radio en La Guajira. Todos los días los oyentes esperaban escuchar a Luis Octavio junto a Tomás Pérez y Alejandro Rutto para enterarse de las hazañas del Deportivo Maicao y del Deportivo Riohacha en el torneo de Segunda División y para conocer sobre el desempeño del Unión Magdalena y el Junior en el campeonato profesional.   
La 1 de la tarde era la hora en que cada hogar de Maicao dejaba de hacer lo que estuviera haciendo para escuchar las noticias deportivas en las voces de sus propios periodistas.

Transmisiones en directo
Entrevista al delantero Asterio Vides después de un partido en Maicao
Luis Octavio Cruz se erigía como uno de los grandes del periodismo deportivo, pero faltaba una puntada para completar su felicidad: deseaba hacer transmisiones en directo desde el estadio San José (así se llamaba el Hernando Urrea en esa época). 

La oportunidad no tardaría en presentársele y ocurrió en julio de 1985 cuando el profesor Orlando Cuello Rodríguez, coordinador de la Organización Radial del Caribe lo invitó a transmitir en directo el clásico de la fecha entre Deportivo Maicao y Junior a través de Radio Península, una de las mejores emisoras de la Costa Atlántica. Ese día el primer tiempo estuvo a cargo de los consagrados Eladio Narváez y Jairo Romero, mientras el segundo tiempo  lo narró Luis Octavio al lado de Alejandro Rutto Martínez.

El juego fue muy disputado. Junior contaba con la dirección técnica del brasilero Othón Alberto Dacunha,   y tenía en su  nómina a figuras de alto nivel como José María Passos, Iglesias, Campbell, quienes después pasarían al fútbol profesional. Maicao alineaba  brillantes jugadores como Cristian Hernández, Rata Campo, Polaco Pérez y Nilson Martínez. El primer tiempo fue un concierto de fútbol a cargo de Junior y terminó con ventaja de 1-0 a su favor. La afición apoyaba al equipo pero sabía que derrotar al cuadro barranquillero o al menos empatarle iba a ser bien difícil.

En el entretiempo Jairo Romero sugirió que Luis Montúfar, técnico de Maicao, debía hacer cambios sustanciales para igualar el partido o de lo contrario el marcador a favor de Junior sería aún más amplio.

Joaquín “Juako” Murgas y Ernesto Acosta tomaron el micrófono para cumplir el compromiso con los anunciantes y entregaron el micrófono a Luis Octavio Cruz para que iniciara la narración del segundo tiempo. Lo anunciaron como “la voz revelación de la radio guajira”.

Segundo tiempo histórico
Cruz inició con todo el entusiasmo del principiante. Sus primeras palabras fueron: “Señoras y señores tranquiiilos que esto lo empatamos antes de diez minutos”.  En el minuto 9 el volante cienaguero Cristian Hernández, quien portaba la camiseta número 10 del Deportivo Maicao anotó un golazo  que fue relatado de manera vibrante y brillante con un encendido y bien educado canto que movió las fibras de la identidad maicaera.     El partido terminó 1-1, toda una hazaña para Maicao ante uno de los mejores equipos del país.

Al terminar el partido los aficionados se arremolinaron alrededor del joven periodista para saludarlo y felicitarlo y durante toda la semana la emisora recibió llamadas para pedir la repetición del gol.   Algunos aficionados lo grabaron  y lo repetían una y otra vez en las esquinas de la ciudad. En resumen, había comenzado una feliz locura alrededor del fútbol y del Deportivo Maicao, alentada por la narración correcta y emocionante de un joven al que pocos conocían hasta ese entonces.

Momento inolvidable
Fue un momento inolvidable. Cruz se demostró a sí mismo que era capaz de narrar un partido de fútbol sin miedos y sin complejos, poniendo en práctica lo que sus maestros le habían enseñado y lo que, además, había aprendido al escuchar los relatos de Armando Moncada Campuzano, uno de los mejores narradores de América, a través de la inolvidable Radio Sutatenza.   

Al final del partido los asistentes buscaron a Luis Octavio Cruz para felicitarlo por el acierto en su predicción, por la emoción para narrar el gol y por todo el futuro que tenía.    El público ignoró a Cristian Hernández, héroe de la tarde para ponderar lo hecho por su narrador.


Solución a la falta de gol
Para esos días Deportivo Maicao sufría una larga sequía de gol, pero desde los días en que Radio Península comenzó a acompañarlo, sus delanteros se reconciliaron con las redes contrarias. Esto hizo que la emisora y sus periodistas fuera aún más querida, no sólo por las transmisiones sino por la buena energía que le daba al equipo de sus amores.

Punto de partida
A partir de ese momento “la dupla más querida del deporte” (Cruz y Rutto) acompañó al Deportivo Maicao en todos los estadios del país en que este jugara.   Como anécdota especial debemos mencionar que  algunas pocas ocasiones por razones técnicas o falta de fluido eléctrico no se pudieron transmitir los partidos. Ese día, era inevitable  que Deportivo Maicao perdiera. Por eso en Maicao se decía que para que el equipo ganara Cruz debía transmitir los partidos.

Luis Octavio tenía una gran habilidad para describir cada jugada, aprenderse el nombre de los jugadores y hablar del clima y de la atmósfera general que rodeaba el juego. Tenía además un canto de gol fuerte, emocionante y prolongado, como siempre le ha gustado a los seguidores del fútbol.

Nueva cabina  
La oferta del profesor Orlando Cuello fue completa, no sólo para transmisiones deportivas, así que desde ese mes de julio las jóvenes voces comenzaron a escucharse a través de los 970 de Radio Península, a través de un programa llamado “Península y los Deportes”, iniciado por Marcos Barros Pinedo, quien ahora se trasladaba a Riohacha, su tierra natal, para asumir nuevos retos profesionales.     El equipo de Luis Octavio Cruz se haría sólido con Alejandro Rutto y Ernesto Acosta Solano como sus compañeros inseparables.

Regreso a la Voz de la Pampa
En mayo de 1.988 Luis Serrano Urbina, gerente de La Voz de la Pampa, se propuso tener uno de los equipos de deportes más fuertes de la radio deportiva. Por eso llama a trabajar a su casa radial a Albeiro Sánchez y Jairo Romero de Riohacha y a Luis Octavio Cruz y Alejandro Rutto Martínez. La afición se sintió complacida y respaldó con efusivos comentarios la integración de un grupo llamado a hacer historia como en efecto sucedió más adelante.

La fusión de los dos equipos, el de Maicao y el de Riohacha, hiciera programas más surtidos en noticias, con enfoques diferentes, más dinamismo y objetividad en la presentación de las noticias.

Final Nacional de 1.989
El 88 fue un año muy bueno para el Deportivo Maicao. Su buen rendimiento en la temporada le permitió clasificar a la semifinal nacional de segunda división y que por el liderazgo de Efrén Fierro, entonces presidente del Comité Municipal de Fútbol, se efectuó en el estadio Hernando Urrea Acosta. Maicao enfrentó a Millonarios y Chinchiná, lo que le dio derecho a disputar la final, en partido único, contra Independiente Santa Fe, juego que también tuvo lugar en el estadio local.  

El juego definitivo entre  Maicao y Santa Fe terminó igualado 2-2 pero los capitalinos se impusieron en el lanzamiento de tiros desde el punto penal.

Luis Serrano Urbina gerente de la emisora le propuso a CARACOL, cadena a la que se encontraba afiliada La Voz de la Pampa, que transmitiera todos los partidos y él se encargaba de originar la señal con su propio equipo de periodistas.

Caracol aceptó, de manera que los partidos de ese torneo fueron escuchados por el sistema nacional de Radio Deportes (Cadena deportiva de Caracol) a través de sus emisoras en todo el país.
La transmisión fue un éxito y los periodistas de La Guajira demostraron que estaban a la altura de los mejores del país. Las felicitaciones para Luis Serrano y La Voz de la Pampa llovieron desde el nivel central en Bogotá.

Viaje a las grandes ligas de la radio
En 1.994 fue llamado por Fabio Poveda Márquez para hacer parte de su equipo de periodistas en Emisora Atlántico. Después de una temporada en esta emisora pasó a Radio Mar Caribe en donde hizo muy buenas transmisiones al lado del campeón Edgar Perea.  

De nuevo Luis Octavio demostró de qué estaba hecho y se ganó un lugar en el corazón de los oyentes de Barranquilla y de sus colegas del Atlántico.

Vida familiar
Momento feliz al lado de su esposa  Luz Enith y sus hijos Kendry y Stick
El 26 de diciembre de 1990 unió su vida a Lucy Madera, una de sus vecinas de toda la vida en el barrio San José y  con quien formó una sólida familia en la que nacieron sus hijos Stick y Kendry,  con quienes se radica en la ciudad de Medellín.

En adelante ellos serán su sustento, su fuerza y la mayor fuente de inspiración. 

Termina el fútbol y comienza la pintura

Para dedicar más tiempo a su familia decide alejarse de la radio deportiva y dedicarse más de lleno a la pintura y a la vida empresarial. De este período de  inspiración quedan bellos cuadros inspirados en los hermosos paisajes de La Guajira y en las vivencias de su  niñez y adolescencia en Maicao.

Además sobresale por la calidad de las pinturas a los jugadores de fúbol a quienes pinta cuadros en estilo de caricaturas que éstos compraban para llevar a la galería de sus recuerdos. Así nacieron muy bonitas pinturas dedicadas a René Higuita, Antony De Ávila, el Pibe Valderrama y Leonel Álvarez, entre otros. 

Un final prematuro
Luis Octavio Cruz falleció en Medellín ante la sorpresa de su familia y amigos quienes nunca esperaban verlo partir tan pronto hacia los parajes de la eternidad.    

En Maicao y La Guajira se le recuerda todavía por su sonrisa amable, su don de gentes, la buena vibra que tenía para que Deportivo Maicao ganara y por todo lo que le aportó al deporte local.  

En el estadio Hernando Urrea acosta aún retumba el poder de su voz para narrar los goles que lo convirtieron en el narrador alegre y apasionado del fútbol guajiro.


domingo, 31 de diciembre de 2017

Mi mensaje de fin de año

Pido perdón

Escrito por: Alejandro Rutto Martínez

En este final de año quiero agradecer la amistad de todas las personas que hicieron parte de mi mundo. Los amigos con los que hablé, aquellos con los que últimamente no pude conversar, con quienes me ayudaron a transitar por los sinuosos caminos de la vida, los que hablaron bien de mí y los que me dieron la oportunidad de entrar en la lista de sus amigos.

Aprovecho también para pedir perdón. Le pido perdón a aquellos a quienes por descuido no llamé en la fecha de su cumpleaños, a los que me reclamaron porque en un momento de enlagunamiento olvidé su nombre, a  aquellos a quienes les pasé por el lado y no saludé, a quienes esperaban más de mí,    a quienes omití saludar en una reunión en que saludé a todos, a los que me pidieron favores que no pude hacer, a los que me llamaron y no les contesté, a los que me buscaron y no me encontraron, a quienes me prestaron libros que no devolví, a los que les hice reclamos airados y, peor aún, a los que debí hacerles un reclamo y preferí guardarme el sentimiento.

A los que les incumplí una cita, a los que nunca llamé, a los que llamé demasiado, a los que no les he pagado alguna deuda, a los que no invité a la celebración de mis mejores momentos. Pido perdón a aquellos a quienes lastimé con una palabra insensata o un mensaje inoportuno, a los que burlé porque su equipo perdió un partido o un campeonato a los que me les escondí cuando perdió el mío y negarles de esa manera el derecho a disfrutar el sabor de la revancha.

Soy un ser humano y por eso hoy, al caer el telón de una año que se va para no volver jamás, quiero pedirles perdón.  

Al fin y al cabo, no soy más que un ser humano y como tal un ser en construcción y en constante lucha contra el olvido de las pequeñas cosas (que a veces son las más importantes), contra la miopía, contra la timidez y muchos otros defectos.


Dios los bendiga, los quiero mucho y, después de pedirles perdón, paso a decirles que les deseo en 2018 el mejor año de sus vidas, con 365 días llenos de las más grandes bendiciones de parte de Dios. 

martes, 21 de noviembre de 2017

Valledupar y la “apropiación” de la música vallenata

"Con este escrito estoy asumiendo en nada honroso rol de abogado del Diablo o aún más abyecto, el de apátrida"


Escrito por:  Abel Medina Sierra 

Comienzo estas líneas previniendo que para algunos, con este escrito estoy asumiendo en nada honroso rol de abogado del Diablo o aún más abyecto, el de apátrida.
En mi ámbito de desempeño como analista y melómano de la música vallenata como proceso cultural, he escuchado miles de veces la expresión que en Valledupar le “robaron” la música vernacular a  La Guajira, en este caso,  la hoy llamada vallenata, pero que antes se le llamaba “de parranda”, “provinciana” o simplemente “de acordeón”.  
El celo de los guajiros, y especialmente de los riohacheros con los valduparenses por el vallenato, se exacerbó desde que esta música pasó del estadio folclórico, campesino y localizado a ser el principal referente sonoro del país, la música popular y masiva de mayor dinámica en Colombia. Antes de esto, el vallenato tenía pocos dolientes en el norte de La Guajira y todavía hay gente en Riohacha que asevera,  que esa música nunca ha representado a la ciudad aunque esa es  una mentira insostenible.
Recuerdo el día, por allá en el 2006 cuando en el Centro Cultural, maestro Escalona nos enrostró que el vallenato fue acunado por Valledupar porque “el riohachero era muy pretencioso en gustos musicales y no le pararon bolas al acordeón”.  Aunque exagerado en sus calificativos, algo de razón tenía Escalona.     
No se sabe  aún con exactitud dónde nació la música vallenata, parece ser que fue una expresión que se fue gestando por creación colectiva en varios lugares de manera simultánea y luego, esos rudimentos se fueron agrupando en un género musical. Bien es   cierto que los documentos más antiguos registran la trifonía de acordeón, caja y guacharaca en Riohacha y eso le da protagonismo también el norte de La Guajira.
También es cierto que la llegada del vallenato a Valledupar fue a través de colonos campesinos que fueron, en su mayoría del sur de La Guajira. Así como Barranquilla recibió y se apropió de las danzas y músicas ribereñas a partir de su carnaval, Valledupar se convirtió en el epicentro del vallenato que llevaron los provincianos  y vecinos de Patillal, Atánquez, San Diego o El Paso. Mientras en Riohacha se miraba de soslayo esta música, la élite cesarense vio en esta música un referente identitario y un instrumento cultural   en el proceso de departamentalización y de creación de industrias culturales.
 ¿Hubo apropiación del vallenato  por parte de los natos del valle? Primero hay que aclarar el sentido de la palabra “apropiación”. Para la Rea Academia de la Lengua, significa “Tomar para sí alguna cosa, haciéndose dueña de ella”Si alguien toma esta primera acepción, dirá         que si en Valledupar se apropiaron del vallenato, eso quiere decir que no era de ellos y que se lo robaron a otro, en este caso a La Guajira.
Pero resulta que esta música es una manifestación del patrimonio cultural y allí se aplica el concepto de  “apropiación social”. Esto implica que el patrimonio cultural tiene un valor real y simbólico para el grupo humano que lo ha heredado, no vale en sí mismo sino porque el grupo humano le da una valoración positiva. Una comunidad se apropia de una música  cuando la mayoría de los actores sociales son conscientes de su valor patrimonial, particularmente del inmaterial y eso ocurrió en Valledupar con esta música que hoy reclamamos.
Si bien es cierto, con relación a esta música, a veces se hacen injustas  exclusiones y se obra con espíritu centralista en Valledupar, no es menos cierto que allá le han dado un valor al vallenato, lo han integrado a su economía que eso dinamiza más el nivel de apropiación social. En Valledupar no han sido tan celosos como lo son algunos guajiros con relación al vallenato, tanto así que el acordeonero más querido  de la élite valduparense ha sido Colacho Mendoza; el habitante de Valledupar que ha sido más famosos en toda su historia ha sido Diomedes Díaz y allá auparon como nuevo ídolo a Silvestre Dangond.  Nunca se pusieron con reparos que eran guajiros.
Con mi experiencia personal puedo refrendar esto. Recientemente fue postulado para hacer parte de la Academia de Estudios del Caribe por  actores de Valledupar y no por la institucionalidad de La Guajira. La Gobernación del Cesar me ha llamado en varias ocasiones para ser oferente u organizador  de eventos sobre música vallenata. Hace tres años en un evento organizado por el Ministerio de Cultura sobre música vallenata en Aguachica, en lugar de invitar a investigadores cesarenses, me escogieron a mí. La Universidad Popular del Cesar me encarga de coordinar la revista Vallenatología del Encuentro de investigadores de la música vallenata, me está ofreciendo honorarios solo para sea su investigador exclusivo de esta música y está interesado en publicar mis obras mientras llevo 22 años en la Universidad de La Guajira y nunca he podido publicar ni que se me reconozcan mis investigaciones.
El innegable protagonismo de La Guajira sobre el vallenato se demuestra con políticas públicas y privadas de apropiación social fomento, formación e investigación y no con golpes de pecho y dudosos certificados de paternidad. Nos    falta la apropiación del vallenato que sobra en Valledupar, y el patrimonio no es de donde emerge sino de donde tiene mayor relevancia social y valor para la comunidad.

Barrancas y sus reinas

Escrito por: Hernán Baquero Bracho

Cada vez que pienso en Barrancas, viene a mi mente el recuerdo de ese gran hombre que le dio brillo a su tierra, con sus poemas y sus libros y es cuando una lagrima corre por mis mejillas al evocar el nombre de mi padre putativo Guillermo Solano Figueroa, “El poeta de Barrancas”. 

Con él aprendí tanto, destacándose su amor por La Guajira, de sus consejos, de sus poesías costumbristas, de su amistad, quien fuera mi primer maestro en las letras, al igual que Germán Vargas Cantillo, el de “La cueva”, de García Márquez, de Cepeda, de Fuenmayor. Cuantos recuerdos llegan a mi  mente  de mis andanzas con Guillermo Solano Figueroa, periplo que se inició cuando fundamos la Corporación de Amigos de La Guajira, un 11 de Mayo de 1982 en la ciudad de Barranquilla.

Así en sus tertulias, aprendí a querer a Barrancas, que la llevo siempre adherida en mi corazón. La Barrancas de Simeón Soto, donde “Guille” aprendió sus primeras letras en el año de 1936. La tierra de la Policarpa de Mi Guajira, Remedios Solano. La tierra que vio nacer a tantas glorias barranqueras como los hermanos Herminio y “Chente” Berardinelli. La tierra del escritor y compositor José Soto Berardinelli y de Miller Soto Solano, otro gran escritor que visiona siempre un mejor futuro para nuestra tierra. La tierra de los hermanos Alfonso, Fernando, Gonzalo y Mario Gómez, gente que fue de empuje y de progreso. Esta tierra que vio nacer al general Fernando Gómez Barros. La tierra de “Lucho” Carrillo Berardinelli, Arcesio Romero Pinto. La tierra que enloqueció a “Nando” Marín y al maestro “Gabe” Solano.

Pero Barrancas se ha distinguido siempre por sus mujeres. Mujeres que han sido reinas en todo su esplendor no solo en la belleza física, si no en lo espiritual. Quien no recuerda a una de sus reinas, como lo fue Malka Irina León Carrillo, quien representó con decoro y exótica belleza a La Guajira en el Reinado Nacional que se realiza en Cartagena. Mujeres bellas como María Auxiliadora Solano Carrillo, Serafina Berardinelli, Luz Angélica “La Nena” Rois, entre otras, quienes fueron reinas del Festival Nacional del Carbón y que el pueblo Barranquero, siempre las recuerda con cariño.

La mujer barranquera es de una belleza que impacta y enamora a cualquier mortal. Una de estas reinas que encanta por su belleza es la columnista del Diario del Norte y hermana del actual alcalde de Barrancas, Jorge Cerchiaro Figueroa, Ethel Carolina, quien además de su exótica hermosura, es una gran intelectual que con sus columnas pone a pensar a sus lectores. Ethel es de una belleza encantadora, que como un imán irradia simpatía y un carisma sin igual, que la hacen tan singular en la Barrancas que han inspirado a tantos poetas y a tantos enamorados.

Barrancas la tierra de una mujer emprendedora, empresaria y sin tacha en su devenir histórico, como lo es María Cristina “Tina” Soto, quien hoy es una carta muy fuerte por el Partido Conservador, para que una mujer después de tantas décadas pueda representar a La Guajira en La Cámara de Representantes. La tierra de Loreto Gómez, de Juan Carlos Soto y “Pinchi” Solano. La tierra de mi compadre Ever Isaac Solano y del recuerdo de Cervando Solano. La tierra de los empresarios Olmes y Decar Solano. 

La tierra de los primeros alcaldes José Vicente Berandinelli y José Soto Berardinelli, quienes visionaron una Barrancas pujante innovadora. Esa Barrancas que se cruza en mis sentimientos con Juan Francisco Gómez, Salustio Solano, Luis Rafael Gómez  y “Cao” García, mis amigos, a quienes les tengo gran afecto. La tierra también de mis amigos Álvaro López Peralta, Juan Loreto y Diego Gómez Soto, que por sus capacidades profesionales e intelectuales,  piden pista a nivel nacional.

Hoy Barrancas ha pasado del “Boom” de las expectativas mineras a la realidad. Tuvo momentos de gloria por las inmensas regalías que recibía del Cerrejón, pero con el zarpazo del gobierno nacional se desvanecieron tantos sueños, que el alcalde actual Jorge Cerchiaro Figueroa – el hijo del primo Jairo Cerchiaro – le está tocando bailar con la más fea. De esa Barrancas de antaño, de transición y de actualidad, la  mujer ha jugado un papel preponderante en su desarrollo.

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